ACERCA DE LA PSIQUIATRÍA

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Hay una, cada vez más larga lista de diagnósticos psiquiátricos que muchas veces no tienen que ver con patologías mentales. Son los avatares de la vida misma pero son cosas que nos hacen sufrir; que atentan con nuestros proyectos o que, a la larga, ponen en riesgo la salud en general. O quizá, esas situaciones, que de puro repetirlas nos dejan agotados y sin logros.

Valoro los avances en psicofarmacología que nos han permitido el tratamiento y la supresión de numerosos síntomas; cosa que ha permitido cambios importantes a la hora de cuidar enfermos graves, pero aún así, debemos reconocer que la mayoría de los fármacos que utilizamos son inespecíficos, tanto, que se utilizan los mismos en distintas patologías y son portadores de efectos secundarios a veces francamente peligrosos, y sobre todo indeseables.

Es por eso que sostengo que el abordaje combinado, medicina y psicoterapia, fármacos y saber hacer con aquello que al paciente se le presenta como indescifrable es la fórmula adecuada. Aquella que le hace preguntarse ¿por qué a mi? ¿por qué ahora? ¡otra vez!. Es la manera más adecuada de dar respuesta a lo distímico, a lo que le lleva a la consulta.

En este contexto puedo pensar varias cosas; por ejemplo, el DUELO no se medica, se acompaña, pero el duelo es un trabajo que concluye. Si no es así, ha pasado a ser otra cosa.

La adolescencia es un mal que se cura con el tiempo, pero si vemos que el joven no saldrá indemne de este tiempo, podemos asegurar que aporta muchos beneficios ayudarle a entender en que pilares se apoyan sus clásicos enfrentamientos con los padres o con las instituciones.

Mucho tendrá que ver su relación con la ley jurídica que regula, prohíbe, habilita y castiga y da paso también a todas las triquiñuelas para transgredirla y la otra ley; la ley con impronta psíquica, que prohíbe el incesto, la que instaura en la cultura los intercambios, los parentescos. El adolescente busca entre ambas legalidades los alcances y los límites. Todos los desbordes buscan amarras.

Interesante es poder ayudar con nuestro trabajo a que la marginalidad no lo atrape, que logre su lugar dentro de la responsabilidad de sus actos.

¿Y qué decir de las múltiples caras del malestar del NEURÓTICO? De su ESTRÉS, FATIGA y ABURRIMIENTO; de su FRUSTRACIÓN, de la INSEGURIDAD que no lo deja vivir tras sus reiterados FRACASOS… ¿De las JAQUECAS e INSATISFACCIONES?

Podríamos hablar de medicación si es necesario, acotar el sufrimiento también tiene sentido, pero no podemos quedarnos ahí.

Las terapias psicoanalíticas ayudan a entender aquellas situaciones en donde un sujeto neurótico se queja. Y es muy importante poder hacerle ver su participación en aquello de lo que se queja. Los neuróticos, casi todos; somos capaces de pedirle peras al olmo y registrar luego la respuesta como frustración, como defraudación o como impotencia.

A veces se va la vida demandando de esta manera o buscando identidad, mismidad, unicidad, coherencia o cosas por el estilo; imposibles desde la estructura de sujetos castrados, ambivalentes, disociados, culposos, etc. etc.

Y si se sigue por estos caminos llenos de dificultades sin salida la ANGUSTIA, ANSIEDAD, TRISTEZA, ALTERACIONES SOMÁTICAS, INSOMNIO Y MAL HUMOR serán pronto identificadas con una DEPRESIÓN.

No es que sea tarde; en cualquier momento uno puede cambiar, mejorar, lo importante es poder iniciar un tratamiento.

Y si pensamos en aquellas enfermedades mentales, las más invalidantes; las PSICOSIS en sus múltiples rostros: ESQUIZOFRENIA, PARANOIAS, MELANCOLÍAS, DEMENCIAS, algunas ANOREXIAS, también podemos hacerles frente con múltiples recursos; algunos de ellos muy importantes.

Me refiero a la medicación, haciendo uso de los recursos que da la transferencia, para lograr la adhesión al tratamiento; cosa difícil, no por negligencia del paciente o de la familia, sino por la dificultad implícita en la estructura psicótica de la personalidad.

Y tampoco debemos quedarnos allí. Comparto las hipótesis que sostienen que en todo delirio hay un punto de verdad. Hay que saber encontrar que parte de la historia del sujeto está allí. Valoro el lugar organizador del delirio y no descuido el acotarlo, pues si éste avanza el riesgo puede ser enorme; matar o matarse. Suelen ser caminos finales; dolorosos para todos.

La estabilización es esperable. Tenemos recursos para ello.

Estaré encantada de poder ayudarte en el camino de tu recuperación.

 

Un fuerte abrazo,

 

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